Artículo de Revisión

 

DOI: https://doi.org/10.56124/tj.v8i20.011

 

INTERSECCIONES ENTRE TRABAJO SOCIAL Y ODONTOLOGÍA: REFLEXIÓN SOBRE LA ATENCIÓN INTEGRAL EN CONTEXTOS DE VULNERABILIDAD

 

INTERSECTIONS BETWEEN SOCIAL WORK AND DENTISTRY: REFLECTIONS ON COMPREHENSIVE CARE IN CONTEXTS OF VULNERABILITY

 

 

Lissette Carolina Acosta Pérez

https://orcid.org/0009-0000-6201-3390   

Universidad Técnica de Ambato

lacosta8742@uta.edu.ec

 

Kevin Alexander Caiza Enríquez

https://orcid.org/0000-0002-4979-2147

Universidad Técnica de Ambato

kcaiza0266@uta.edu.ec

 

Jennifer Estefanía Escobar Acosta

https://orcid.org/0009-0001-7782-3182  

Universidad Nacional de Chimborazo

jennifer.escobar@unach.edu.ec

 

Viviana Fidencia Naranjo Ruiz

https://orcid.org/0000-0002-6998-201X

Universidad Técnica de Ambato

vivianafnaranjor@uta.edu.ec

 

 

 

Resumen

 

La salud bucal, tradicionalmente abordada desde un paradigma médico, requiere una mirada más amplia que integre los factores sociales, económicos y culturales que inciden en su desarrollo. Esta revisión tuvo como objetivo reflexionar sobre cómo el Trabajo Social puede complementar y enriquecer la práctica odontológica, promoviendo una atención integral, humana y equitativa. Se aplicó una revisión bibliográfica narrativa y crítica, sustentada en fuentes especializadas de Trabajo Social, Odontología y Salud Pública, en el cual se identificó que los determinantes sociales, como la pobreza, la educación y el acceso limitado a servicios, influyen directamente en la salud bucal. El Trabajo Social aporta a la identificación y reducción de estas barreras mediante la intervención comunitaria, la promoción de hábitos saludables y el acompañamiento psicosocial de pacientes con miedo o trauma dental. Se concluye que la colaboración interdisciplinaria favorece la comprensión holística del paciente, la reducción de inequidades en salud y la generación de prácticas clínicas más humanas y contextualizadas.

 

            Palabras clave: Odontología, Trabajo Social, Salud bucal

 

Abstract

Oral health, traditionally approached from a medical paradigm, requires a broader perspective that integrates the social, economic, and cultural factors that influence its development. This review aimed to reflect on how Social Work can complement and enrich dental practice, promoting comprehensive, humane, and equitable care. A narrative and critical bibliographic review was applied, based on specialized sources from Social Work, Dentistry, and Public Health, which identified that social determinants, such as poverty, education, and limited access to services, directly influence oral health. Social Work contributes to the identification and reduction of these barriers through community intervention, the promotion of healthy habits, and the psychosocial support of patients with dental fear or trauma. It is concluded that interdisciplinary collaboration fosters a holistic understanding of the patient, the reduction of health inequities, and the development of more humane and contextualized clinical practices.

 

Keywords: Dentistry, Social Work, Oral health

 

 

Introducción

La salud bucal ha sido tradicionalmente concebida desde una perspectiva biomédica que prioriza el diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades dentales, dejando en un segundo plano los factores sociales, culturales y emocionales que inciden en su desarrollo. Este enfoque, aunque ha permitido avances significativos en el conocimiento clínico y técnico, se muestra limitado ante la complejidad de las realidades humanas que determinan los comportamientos de salud. Aspectos como la pobreza, la exclusión, las condiciones laborales, el nivel educativo y las creencias culturales influyen de manera directa en la forma en que las personas cuidan su salud bucodental. Por ello, resulta necesario trascender el paradigma clínico y apostar por una mirada integral que reconozca la salud bucal como parte inseparable del bienestar general de los individuos y las comunidades.

En este sentido, la comprensión de la salud como un fenómeno integral ha cobrado especial relevancia en los últimos años. Ladera Castañeda y Medina Sotelo (2023) señalan que los enfoques interdisciplinarios resultan indispensables para abordar la salud bucal en América Latina, donde los contextos de desigualdad, precariedad económica y diversidad cultural demandan respuestas más amplias que las puramente biomédicas. Desde esta perspectiva, la odontología debe articularse con otras disciplinas del ámbito social y sanitario para responder a las necesidades reales de las personas. Reconocer la influencia de los factores biológicos, psicológicos, culturales y sociales en la salud implica reformular las estrategias de atención, de modo que se priorice no solo la curación, sino también la prevención, la educación y la inclusión social.

En este contexto, el Trabajo Social se erige como un aliado clave para la transformación del modelo de atención odontológica. Su compromiso con la justicia social, la equidad y el bienestar humano permite aportar una mirada crítica sobre los determinantes sociales de la salud, entendidos como las condiciones estructurales que condicionan las oportunidades de bienestar. A través de su labor en comunidades, instituciones y políticas públicas, el trabajo social identifica y aborda las desigualdades que afectan la calidad de vida y el acceso a servicios de salud bucodental. La integración de su enfoque con el de la odontología podría favorecer la comprensión de los problemas de salud oral desde una perspectiva más amplia, donde el dolor, la enfermedad y el cuidado sean entendidos también como experiencias sociales y culturales.

Sin embargo, la colaboración entre profesionales del trabajo social y la odontología sigue siendo limitada, tanto en la práctica clínica como en la formación académica. Este vacío interdisciplinario ha contribuido a mantener una atención fragmentada, en la que los aspectos sociales y emocionales del paciente son poco considerados dentro del proceso odontológico. Promover un trabajo conjunto entre ambas disciplinas implica no solo compartir espacios de intervención, sino también desarrollar una comunicación efectiva basada en el respeto mutuo y en la comprensión de los aportes que cada profesión puede ofrecer. Una articulación real entre el trabajo social y la odontología podría traducirse en prácticas más humanas, sensibles y contextualizadas, que reconozcan la dignidad y diversidad de cada paciente.

Por ello, el objetivo de esta reflexión es analizar cómo el trabajo social puede complementar la práctica odontológica para promover una atención más humana, equitativa y contextualizada. La integración de ambos campos no solo enriquecería la comprensión de la salud desde una visión holística, sino que también permitiría avanzar hacia modelos de atención centrados en las personas, donde la prevención y la promoción del bienestar sean prioridades. Este enfoque interdisciplinario representa una oportunidad para repensar los paradigmas de la salud pública y fortalecer la capacidad de respuesta frente a las desigualdades estructurales que aún limitan el acceso a una atención odontológica integral y de calidad.

 

Metodología  

Este trabajo se enmarca dentro del género de investigaciones o artículos de reflexión, definidos como producciones académicas que presentan resultados de investigaciones terminadas o en curso, desde una perspectiva analítica, interpretativa o crítica del autor, sobre un tema específico, recurriendo a fuentes originales (González Reyes y Flores Márquez, 2023). A diferencia de las investigaciones empíricas, las de reflexión no se centran en la recolección de datos primarios, sino en el análisis argumentado de ideas, teorías y experiencias, con el fin de generar conocimiento nuevo o reinterpretar el existente. La metodología empleada se basa en una revisión narrativa y crítica de literatura, seleccionando fuentes relevantes de los campos del trabajo social, la odontología y los determinantes sociales de la salud. Esta revisión no pretende ser exhaustiva, sino estratégica y reflexiva, orientada a sustentar los argumentos centrales del texto y a identificar puntos de convergencia entre ambas disciplinas.

Asimismo, se adopta un enfoque de práctica reflexiva, entendida como un proceso sistemático de análisis de la experiencia profesional y académica, que permite construir conocimiento situado y éticamente comprometido (Díaz-Narváez y Calzadilla Núñez, 2016). Esta práctica implica cuestionar los supuestos, valores y contextos que configuran la acción profesional, y se considera fundamental para el desarrollo de propuestas transformadoras en el ámbito de la salud y lo social.

 

Resultados y discusión

El Trabajo Social como profesión hace revisión extensa de los determinantes sociales de la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) dichos determinantes consisten en las condiciones de vida, trabajo y entorno que afectan la salud de las personas. Estos influyen en las desigualdades injustas y evitables en salud tanto dentro de los países como entre ellos. Esto significaría que no basta con atender las enfermedades, sino que es imprescindible entender las condiciones estructurales que las generan.

Reconocer los determinantes sociales de la salud supone ampliar la mirada hacia las condiciones estructurales que perpetúan la desigualdad, como la pobreza, la falta de educación o las precarias condiciones laborales. Esta visión implica asumir que la salud no es un fenómeno aislado ni meramente biológico, sino el resultado de la interacción entre el individuo y su entorno social.

De aquí se destaca la importancia de potenciar el papel de los y las profesionales del trabajo social dentro del sistema de salud, siendo esto una necesidad urgente y estratégica en el contexto actual, marcado por el aumento de las desigualdades sociales, el envejecimiento de la población y la complejidad creciente de las necesidades sociales y de salud de grupos vulnerables (Instituto de Salud Globla Barcelona, 2024)

Así, la urgencia de fortalecer la presencia del trabajo social dentro de los sistemas de salud constituye un llamado a la acción ante los desafíos contemporáneos. En un contexto global caracterizado por el incremento de las desigualdades, el envejecimiento poblacional y la creciente vulnerabilidad de ciertos grupos sociales, la participación activa de los profesionales del trabajo social se convierte en un elemento estratégico para garantizar una atención más equitativa. Su aporte no solo mejora la calidad de la asistencia, sino que contribuye a construir políticas públicas más sensibles a las necesidades sociales, impulsando una visión preventiva y comunitaria de la salud que complemente la práctica médica.

El Trabajo Social, como disciplina y práctica profesional, tiene una visión integral del ser humano y de su entorno, lo que le permite actuar de manera eficaz en la identificación, prevención y atención de situaciones de vulnerabilidad. Fortalecer su presencia en el sistema sociosanitario no solo contribuye a una mejor atención a las personas, sino que también facilita la articulación de recursos, la planificación de intervenciones personalizadas y el seguimiento continuo de los casos.

Además, potencia la articulación entre recursos y actores institucionales, generando redes de apoyo más coherentes y sostenibles. Este abordaje favorece una atención centrada en la persona y promueve intervenciones adaptadas a las particularidades de cada caso, reconociendo la diversidad de contextos y experiencias.

La relación del Trabajo Social con la salud se refleja de manera más profunda y significativa en la intervención comunitaria, ya que esta permite abordar los problemas de salud desde una perspectiva integral y participativa, centrada en la comunidad como sujeto y objetivo de la acción (Hervás de la Torre, 2011). A través del Trabajo Social Comunitario, los profesionales no solo realizan intervenciones en salud, sino que también fomentan la participación de todos los miembros de la comunidad, empoderándolos para identificar sus propias necesidades, gestionar sus recursos y promover cambios sostenibles en su entorno. Esta dimensión comunitaria fortalece la relación entre el trabajo social y la salud al convertir a la comunidad en protagonista del proceso, facilitando soluciones autogestionadas y adaptadas a las particularidades sociales, culturales y económicas del colectivo, lo que contribuye a mejorar los indicadores de salud y reducir las desigualdades sociales en salud.

Por otra parte, la Odontología desempeña un papel esencial en la promoción y mantenimiento de la salud bucal, ya que no solo se enfoca en la prevención y tratamiento de las alteraciones dentales y periodontales, sino que también contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas (Diaz-Reissner et al., 2017). La salud bucal afecta aspectos sociales, emocionales y funcionales de los individuos, influyendo en su autoestima, comunicación y bienestar general. La atención odontológica temprana y adecuada ayuda a prevenir complicaciones mayores, reduce la carga de enfermedades orales y favorece un estado de salud integral, subrayando la importancia de esta disciplina como un pilar fundamental en la promoción de la salud pública y en la mejora de la calidad de vida de la población.

La importancia de una atención odontológica oportuna y adecuada radica en su capacidad para prevenir complicaciones mayores y reducir la carga de enfermedades crónicas que afectan a la población. Desde esta perspectiva, la salud bucal no solo contribuye al bienestar físico, sino también al equilibrio emocional y social, reafirmando la necesidad de considerar la odontología como un componente esencial dentro de las políticas de salud pública y del desarrollo humano.

El acceso a la salud bucal, por ende, es fundamental para garantizar una buena calidad de vida, ya que permite prevenir, detectar y tratar de manera oportuna las enfermedades bucodentales, que pueden afectar significativamente el bienestar general de las personas. La estrecha relación entre la salud bucal y aspectos esenciales como la alimentación, la comunicación y las relaciones sociales hace que su atención sea prioritaria en la promoción de la equidad en salud (Rocha-Buelvas, 2013).

Sin embargo, las barreras económicas, sociales y políticas limitan esta accesibilidad, especialmente en poblaciones vulnerables, lo que contribuye a la persistencia de desigualdades en salud. Mejorar el acceso a estos servicios no solo reduce la prevalencia de problemas orales, sino que también favorece la inclusión social, disminuye costos en atención especializada a largo plazo y promueve una mejor calidad de vida para toda la población.

La salud bucal, vinculada estrechamente con la alimentación, la comunicación y la vida social, se convierte así en un reflejo de las condiciones de vida de las personas. Superar las barreras de acceso no solo mejora los indicadores sanitarios, sino que promueve inclusión, dignidad y cohesión social, fortaleciendo la idea de que la salud es un bien común que debe garantizarse universalmente.

Todo esto conduce a que, tanto desde el enfoque del Trabajo Social como de la Odontología, lo que se debe tener en cuenta como concepto clave de ambas disciplinas es la Salud Integral. Como lo explica Hurtado Hoyo et al. (2021), la Salud Integral es un estado de completo bienestar físico, mental, social, ambiental y espiritual, que va más allá de la simple ausencia de enfermedades. Incluye la interdependencia entre estos aspectos del ser humano y reconoce la influencia del entorno y la espiritualidad en su equilibrio y calidad de vida. De esta manera, la salud se concibe como un compromiso colectivo que involucra no solo la atención médica, sino también la responsabilidad social y comunitaria en el cuidado y la promoción del bienestar total de las personas.

Comprender la salud desde esta óptica supone romper con la fragmentación disciplinaria y asumir que el equilibrio de la persona depende de su relación armónica con el entorno y consigo misma. Esta visión integral invita a la corresponsabilidad entre los profesionales, las instituciones y la comunidad, consolidando la idea de que el cuidado de la salud es un proceso colectivo. La perspectiva de Hurtado Hoyo y colaboradores (2021) refuerza la necesidad de integrar la espiritualidad y la dimensión ambiental como elementos esenciales del bienestar pleno.

Desde el Trabajo Social, la Salud Integral es un es un componente fundamental en el trabajo social, ya que permite abordar de forma holística las problemáticas que afectan a los individuos, familias y comunidades (Correa- Arango et al., 2018). Por ello, para el Trabajo Social, la salud integral no es un tema aislado del ámbito médico, sino una prioridad que atraviesa todas las dimensiones de la intervención social y que exige un abordaje conjunto con otras disciplinas para lograr transformaciones reales y duraderas. Esta colaboración es esencial para diseñar e implementar acciones eficaces, sostenibles y centradas en las personas, que no solo atiendan las consecuencias de los problemas de salud, sino también sus causas estructurales.

Comprender la salud como un fenómeno que atraviesa todas las dimensiones de la vida humana permite desarrollar estrategias interdisciplinarias que atiendan tanto los síntomas como las causas estructurales de los problemas. Este enfoque promueve la construcción de acciones sostenibles y centradas en las personas, en las que el acompañamiento profesional no se limita a la asistencia, sino que busca generar autonomía y empoderamiento. La colaboración con otras disciplinas se convierte, así, en un requisito indispensable para lograr un impacto duradero en el bienestar social.

La Odontología por su parte, forma parte esencial de la buena salud, una disciplina comprometida con el bienestar integral de las personas (Hidalgo- Rodríguez et al., 2017). Las enfermedades bucodentales, como la caries, la periodontitis o las infecciones orales, no solo afectan la cavidad bucal, sino que también pueden repercutir negativamente en la salud sistémica. Por ello, desde la odontología es clave, trabajar en la prevención, promoción de hábitos saludables y colaboración con otros profesionales de la salud. La odontología, entonces, se convierte en una aliada estratégica en la construcción de una salud integral.

Esta perspectiva reconoce que las enfermedades orales pueden afectar de manera significativa la salud sistémica, por lo que se requiere una mirada integral que vincule la boca con el cuerpo y con el entorno social. La prevención de patologías y la promoción de hábitos saludables fortalecen la calidad de vida y contribuyen al bienestar colectivo. En este sentido, la odontología se consolida como un componente clave en la construcción de sociedades saludables, equitativas y conscientes del autocuidado.

Se identifica que la salud bucal continúa siendo parte importante para la salud integral y no debe ser abordada de forma aislada del contexto social del paciente, eso solo limitaría la efectividad de las intervenciones odontológicas, especialmente en poblaciones vulnerables. Se evidenció que los determinantes sociales, como el nivel educativo, el acceso a servicios, las condiciones de vivienda y el capital cultural, influyen significativamente en los hábitos de higiene bucal, la percepción del dolor y la búsqueda de atención odontológica. Asimismo, Que el Trabajo Social, con su enfoque en la justicia social y la intervención comunitaria, posee herramientas valiosas para complementar la práctica odontológica, especialmente en la identificación de barreras sociales y en la promoción de la salud desde un enfoque participativo.

Las diferencias en educación, vivienda o nivel socioeconómico determinan en gran medida la manera en que las personas cuidan su salud oral y acceden a tratamientos. Integrar la mirada del trabajo social en este campo permite comprender mejor las barreras que enfrentan las poblaciones vulnerables y diseñar estrategias que respondan a sus necesidades reales. Esta colaboración interdisciplinaria promueve un modelo de atención más humano y participativo, donde la equidad y la justicia social se convierten en los pilares del cuidado integral.

 

 

Conclusiones

Se concluye que la articulación entre el trabajo social y la odontología no solo es posible, sino necesaria para avanzar hacia un modelo de atención en salud más integral, equitativo y centrado en la persona. Esta colaboración permite trascender el enfoque clínico tradicional, incorporando una comprensión más amplia de las condiciones de vida de los pacientes y promoviendo intervenciones más contextualizadas y sostenibles.

 

Además, se reconoce que la formación profesional en ambas disciplinas aún presenta vacíos en cuanto a la preparación para el trabajo interdisciplinario, lo que representa un desafío y una oportunidad para la transformación curricular y profesional.

 

El Trabajo Social puede enriquecer significativamente la práctica odontológica al abordar factores psicosociales que influyen en la salud bucal. A través de la identificación de barreras sociales como la pobreza, la falta de educación o el acceso limitado a servicios de salud, los trabajadores sociales pueden colaborar con los profesionales odontológicos para diseñar estrategias inclusivas y equitativas.

 

 

Además, su intervención en comunidades vulnerables permite promover hábitos adecuados de higiene bucal desde una perspectiva preventiva y educativa. Por otro lado, el acompañamiento a pacientes que presentan miedo o traumas relacionados con la atención dental facilita un ambiente de confianza y empatía, mejorando la experiencia del paciente y fomentando la continuidad en los tratamientos.

 

Se recomienda fomentar espacios de formación conjunta entre estudiantes y profesionales de trabajo social y odontología, que promuevan el diálogo interdisciplinario y el desarrollo de competencias colaborativas.

 

Asimismo, se sugiere incluir trabajadores sociales en equipos de salud bucal, especialmente en programas comunitarios y en centros de atención primaria, donde su intervención puede potenciar la eficacia de las estrategias preventivas y educativas. Finalmente, se insta a las instituciones académicas y de salud a promover investigaciones que exploren y documenten experiencias de colaboración entre ambas disciplinas, con el fin de generar evidencia que respalde su integración en políticas públicas de salud.

 

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