ANÁLISIS LITERARIO DE LA OBRA EL PERSEGUIDOR DE JULIO CORTÁZAR

 

Gisela Margarita Lucas Ávila

Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí

gisella.lucas@pg.uleam.edu.ec

https://orcid.org/0009-0006-0176-8494

Ana Teresa Rivera Solórzano

Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí

ana.rivera@uleam.edu.ec

https://orcid.org/0000-0002-7488-9346

 

Autor para correspondencia: gisella.lucas@pg.uleam.edu.ec

 

Recibido: 15/04/2025          Aceptado: 11/10/2025        Publicado: 15/01/2026

RESUMEN

El objetivo del estudio consiste en examinar cómo El perseguidor problematiza la percepción del tiempo y la existencia a través de su protagonista, Johnny, y su relación con el narrador, Bruno, desde una perspectiva intertextual y narratológica. Cabe indicar que, El perseguidor es uno de los relatos cumbre de Cortázar, esta permitió a través de los objetivos específicos analizar cómo el contexto histórico interactúa con el desarrollo de la narración; identificar aspectos relacionados con la estructura, estilo y recursos utilizados por el autor; profundizar la manera en que las ambigüedades textuales, la intertextualidad con el jazz y las reflexiones sobre el tiempo y la creación artística contribuyen a la construcción de significado. Para esto, se utilizó un enfoque cualitativo que combina herramientas de análisis narrativo como la hermenéutica, la deconstrucción y el estructuralismo, esto por medio de la descripción y el estudio bibliográfico que permitió la recopilación de teorías válidas y relevantes. Igualmente, el análisis textual detallado, y se llegó a conocer elementos narrativos y simbólicos que reflejaron la idea de lucha y superación, además de los conflictos internos del protagonista. Este estudio permitió comprender cómo la estructura fragmentada de El perseguidor refleja la subjetividad de sus personajes y su desconexión con la realidad, también explora las múltiples interpretaciones que el texto genera en distintos contextos, posicionándolo como una obra clave en la literatura latinoamericana contemporánea.

Palabras clave: Hermenéutica, recursos literarios, análisis narrativo, Julio Cortázar.

LITERARY ANALYSIS OF JULIO CORTÁZAR'S WORK THE PURSUER


ABSTRACT


The Pursuer is one of Cortázar's greatest stories. Through this study, the historical context is analyzed in the way it interacts with the development of the narrative. At the same time, aspects related to the structure, style and resources used by the author were identified. Thus, this study seeks to delve into the way in which textual ambiguities, intertextuality with jazz and reflections on time and artistic creation contribute to the construction of meaning. Thus, the objective of the study is to examine how The Pursuer problematizes the perception of time and existence through its protagonist, Johnny, and his relationship with the narrator, Bruno, from an intertextual and narratological perspective. To do so, a qualitative approach is used that combines narrative analysis tools such as hermeneutics, deconstruction and structuralism, through description and bibliographical study that will allow the compilation of valid and relevant theories. Through a detailed textual analysis, narrative and symbolic elements were discovered that reflected the idea of ​​struggle and overcoming, as well as the protagonist's internal conflicts. This study allows us to understand how the fragmented structure of The Pursuer reflects the subjectivity of its characters and their disconnection from reality. It also explores the multiple interpretations that the text generates in different contexts, positioning it as a key work in contemporary Latin American literature.

Keywords: Hermeneutics, literary resources, narrative analysis, Julio Cortázar.

 


INTRODUCCIÓN

Las creaciones literarias cobran vida gracias a la creatividad y el ingenio de los escritores, a lo largo de los años la literatura hispanoamericana ha visto a grandes eruditos crear obras que inspiran diversos ideales, mismos que ha provocado una serie de transformaciones a lo largo del siglo XX, tal es el caso de Julio Cortázar una de las figuras que sin duda alguna se ha destacado como un autor de carácter emblemático por la profundidad de sus obras literarias.

El perseguidor, incluida en el libro Las armas secretas (1959), es un claro ejemplo de su vasta trayectoria, esta consigue abordar la subjetividad y el existencialismo desde una nueva perspectiva, el texto cobra vida a través del saxofonista Charlie Parker, acerca de la percepción del tiempo y la subsiguiente búsqueda de sentido en un contexto global de caos e incertidumbre. Además, se exalta el arte musical íntimamente relacionado con la literatura. Por lo expuesto, el objetivo general fue examinar cómo El perseguidor problematiza la percepción del tiempo y la existencia a través de su protagonista, Johnny, y su relación con el narrador, Bruno, desde una perspectiva intertextual y narratológica.

Paralelamente a los objetivos específicos, se buscará:

·       Analizar la interacción entre el contexto histórico y el desarrollo de la narración.

·       Identificar los principales aspectos estructurales, estilísticos y recursos empleados por el autor.

·       Profundizar cómo las ambigüedades textuales, la intertextualidad con el jazz, y las reflexiones sobre el tiempo y la creación artística contribuyen a la construcción de significado."

Por ende, el análisis se realizó desde una perspectiva que combina elementos narratológicos, intertextuales y filosóficos, por lo cual se examinaron los del cuento como la caracterización de los personajes, el uso del tiempo, las acciones y estilo empleado para la realización de esta obra maestra, igualmente el jazz, la drogadicción y alcoholismo, el estado de ánimo y las manifestaciones de rechazo a la sociedad y las normas establecidas. Del mismo modo, se consideran los puntos de vista de los autores como Colombo, Daneri y Gadamer para establecer aproximaciones que enriquezcan la discusión académica.

La justificación de la investigación radica en la capacidad de Cortázar para integrar elementos universales con problemáticas específicas de la modernidad lo que genera un texto que no solo interpela al lector, también redefine los límites de la narrativa tradicional. Con lo anterior, se planea contribuir al conocimiento y la apreciación crítica de una obra que sigue siendo objeto de estudio y admiración en el ámbito académico. Teniendo en cuenta los problemas planteados en el texto, como el consumo de alcohol y drogas, que conduce a una vida desordenada, y los conflictos existenciales que confunden y desorientan a los jóvenes. Igualmente, resultado de un momento histórico como lo fue la postguerra. Toda circunstancia de destrucción, antagonismos y odios provocan un anhelo de libertad y esa búsqueda de escape ante una realidad lacerante. Por esto, con el jazz y saxofón Cortázar representa no solo el arte de la escritura, sino la añorada libertad.

La narración de Cortázar, al interactuar con la sociedad de su tiempo, invita a reflexionar sobre problemáticas que resuenan con fuerza en la actualidad: el consumo de alcohol y drogas, y su impacto devastador en el ser humano, así como la influencia del contexto familiar y social en estas adicciones. A través de la figura de Johnny Carter, Cortázar lanza una crítica mordaz a la sociedad, evidenciando su superficialidad y falta de autenticidad.

En un mundo donde la improvisación y la originalidad escasean, la sociedad parece aferrarse a patrones preestablecidos, a menudo nocivos, como las adicciones que consumen a los individuos. La deshumanización, un malestar palpable en la época contemporánea, se manifiesta en la alienación y la pérdida de valores que Johnny Carter experimenta en su lucha contra sus propios demonios.

La obra de Cortázar, al poner en el centro de la escena estas problemáticas, interpela como lectores e invita a cuestionar las propias conductas y la forma en que el hombre se relaciona con el mundo circundante. La historia de Johnny Carter, un artista genial y atormentado, es un espejo que refleja a la sociedad, por ende, urge buscar respuestas y soluciones a los desafíos que plantea la deshumanización y la pérdida de sentido en la vida.

El perseguidor devela la vida de Cortázar en París, un escenario que evoca la bohemia y el amor, y refleja su admiración por el saxofonista Charlie Parker, cuya vida inspiró la creación de Johnny Carter. La obra establece un diálogo fascinante entre el arte de la escritura y la música, donde Bruno, el biógrafo (posible alter ego de Cortázar), y Johnny, el músico, se entrelazan en una narrativa que puede interpretarse desde múltiples perspectivas.

Desde un enfoque hermenéutico y utilizando la teoría de mapa y territorio, se puede apreciar cómo Cortázar construye un universo simbólico donde el jazz representa la rebeldía y la búsqueda de nuevas formas de expresión, rompiendo con lo establecido. La descripción de Johnny desnudo, desinhibido y sarcástico revela la vulnerabilidad que se esconde tras su fachada de rebeldía. El sarcasmo, como mecanismo de defensa, evidencia el dolor que Johnny lleva en su interior, un humor agridulce que surge de la frustración y la lucha contra un mundo que no comprende su genio.

El análisis literario de El perseguidor ha adoptado un enfoque interdisciplinario y metodológico que revela las múltiples capas de significado del texto. Al recurrir a perspectivas como la psicología, la música, la literatura y la historia; además, se podría extender a la sociología y la medicina. La investigación se ha enriquecido, ofreciendo una visión integral de la narrativa.

La revisión bibliográfica realizada converge en la capacidad de la obra para establecer vínculos duraderos entre los personajes y aprovechar recursos como la alienación del artista y la búsqueda de sentido. Estos elementos, aunados a la maestría narrativa de Cortázar, invitan a la reflexión sobre la condición humana y la complejidad de la existencia.

El perseguidor constituye un valioso aporte a la educación al abrir un espacio para debates profundos sobre la complejidad de la condición humana, la trascendencia de la autenticidad y el poder transformador del arte como medio de expresión. La obra invita a reflexionar sobre la convergencia entre genialidad y vulnerabilidad, al tiempo que cuestiona la superficialidad y la falta de originalidad en la sociedad.

Desde una perspectiva más amplia, la novela convoca a examinar las motivaciones de los personajes, las dinámicas entre épocas distintas y la influencia del contexto en sus vidas. Estos elementos, aunados a la maestría narrativa de Cortázar, estimulan el análisis crítico y la reflexión profunda sobre la condición humana y la complejidad de la existencia.

METODOLOGÍA

Enfoque de investigación

La investigación es de carácter cualitativo, ya que se busca explorar, interpretar y comprender los diferentes elementos literarios, filosóficos y culturales presentes en El perseguidor de Julio Cortázar, para de esta manera establecer posibles aproximaciones a la temática objeto de estudio.

Diseño de la investigación

El diseño del estudio es bibliográfico, debido a la interacción que se tiene con diferentes obras y artículos científicos, se ha realizado una recopilación de literatura para crear triangulaciones y establecer aproximaciones de acuerdo con los postulados de los autores, por lo anterior también se reconoce el carácter documental, ya que se utilizaron elementos externos para reflejar diversos puntos de vista del autor respecto a la redacción.

Análisis textual

La metodología del análisis textual se centra en examinar los elementos narrativos y estilísticos presentes en la obra. Según Barthes (1970), el texto literario es un "tejido de significados" que puede analizarse desde su estructura narrativa y sus recursos lingüísticos. En El perseguidor, el uso del monólogo interior y la focalización múltiple exige un análisis profundo de cómo Cortázar construye las voces narrativas para reflejar la psicología de Jhonny Carter quien se enmarca como el personaje cumbre en el este periodo, este enfoque permitirá explicar cómo los elementos estilísticos refuerzan la temática existencialista de la obra. (Rubira, 2020)

Aplicación de teorías literarias

Para el proceso de análisis, se emplearán teorías literarias clave como el estructuralismo y la deconstrucción. De acuerdo con Colombo (2024), el estructuralismo en la crítica literaria tiene como objetivo identificar y describir estructuras profundas, a menudo influenciadas por la antropología y la lingüística. Esta teoría se considera pertinente para el estudio de la obra de Cortázar, ya que permitirá identificar y analizar sus múltiples interpretaciones, así como las figuras retóricas, el lenguaje y el estilo empleados por el autor.

Por otra parte, Derrida (1967) establece que el concepto de deconstrucción permite conocer internamente la obra (citado en Alvarado, 2022), lo que es sumamente útil en el estudio de la obra El perseguidor, en la cual el lenguaje y las contradicciones tienen protagonismo, de esta manera, se explorara cómo Cortázar emplea los recursos disponibles para desafiar las nociones tradicionales de la verdad y la identidad.

Nivel de investigación

El nivel de la investigación es de carácter descriptivo, debido a que permite reconocer y detallar las características, propiedades o comportamientos de un fenómeno especifico, proporcionando una idea bien formada entorno al objeto de estudio, es así que, a través de la descripción de las figuras, elementos retóricos y por medio del reconocimiento del estilo en conjunto con la revisión de literatura se logra realizar una evaluación a profundidad de la obra.

Método hermenéutico

El método hermenéutico, basado en la interpretación del texto, resulta esencial para interpretar los significados implícitos de El perseguidor. Gadamer (1960) argumenta que la interpretación literaria es un proceso dialógico que implica situar al texto en su contexto histórico y cultural (citado en Soler y López, 2021), así como en su relación con el lector. Este enfoque permitirá analizar los diálogos entre los personajes Johnny y Bruno como metáforas de la búsqueda existencial en un mundo caótico, así como explicar los símbolos recurrentes, como el saxofón, en su dimensión filosófica.

El análisis de fondo y forma en el cual se reconocieron las principales características de la obra de Cortázar, de esta manera se desentrañó el estilo del autor a través del análisis a profundidad de los elementos que giran en torno a la narrativa; por medio de la revisión bibliográfica se conocieron las perspectivas de diversos autores para identificar puntos de convergencia o en su defecto aquellos considerados divergentes.

Fondo:

Argumento

El perseguidor presenta los acontecimientos que giran en torno a Johnny Carter, un saxofonista de jazz que de acuerdo con Castaño (2021) se encuentra inspirado en el músico Charlie Parker, la historia se cuenta desde la perspectiva de Bruno quien es un crítico musical que se muestra como amigo entrañable de Carter, el protagonista; se llegan a mostrar las luchas existenciales del protagonista, marcadas por su genio artístico, obsesiones filosóficas y la idea de autodestrucción.

Los acontecimientos tienen lugar en París, aquí el protagonista pretende alcanzar el éxito a través de la música, este se enfrenta a diferentes dificultades como la pobreza, una vida desordenada, y la falta de comprensión de sus familiares, amigos y admiradores, estos son hechos que lo marcan, se evidencian los conflictos internos de Johnny, este siente que su arte es incapaz de capturar la esencia de aquello que busca expresar.

Es precisamente esta clase de sentimientos que lo llevan a revalorizar las relaciones sociales, su propia vida y el tiempo. En un apartado cargado de significatividad, Johnny confiesa: "No es el tiempo lo que me persigue, Bruno, soy yo quien no sabe cómo detenerlo ni cómo seguirlo." (El perseguidor, p. 58), el relato deja un final abierto lo que hace que el lector quede maravillado y busque sentido en las acciones del protagonista, a través de este recurso se llega a representar de cierto modo la naturaleza fragmentada que ha predominado en la narración.

Tema y el tiempo

El tema central de El perseguidor de Julio Cortázar se articula alrededor de la búsqueda existencial, una exploración de la condición humana a través del tiempo, el personaje principal Johnny Carter se muestra como un reflejo del genio artístico que se relaciona con la abulia de la realidad física y social al tratar de alcanzar una relevancia que se le escapa constantemente.

El tiempo, uno de los ejes temáticos fundamentales simboliza la percepción fragmentada del protagonista y muestra cómo el autor hace uso de este recurso para reflejar una crisis existencial profunda. Johnny afirma: "El tiempo... no sé cómo explicarte, Bruno, pero el tiempo está todo mal." (El perseguidor, p. 58). Desde una perspectiva filosófica, este cuestionamiento puede relacionarse con el concepto de tiempo bergsoniano. Según Henri Bergson, el tiempo no es únicamente una sucesión cronológica, sino una duración vivida subjetivamente. Este enfoque es retomado por Deleuze (2021), quien afirma que la narrativa en El perseguidor desafía la linealidad y "revela la fluidez de la conciencia humana".

La música, el jazz

La alienación social y personal de Johnny es otro tema clave. Como músico de jazz, su vida representa la marginalidad cultural de un movimiento que cuestiona las normas sociales. En este contexto, Johnny encarna el arquetipo del genio incomprendido. Según Ana María Barrenechea, El perseguidor "es un retrato brutalmente honesto del artista atrapado entre la creación y la autodestrucción" (2020).

El protagonista únicamente encuentra esperanza en la música, a la que considera fiel compañera personificando de alguna u otra manera este arte, puesto que es incapaz de encajar en el ambiente que lo rodea no tiene otra forma de escapar, así conecta con una corriente filosófica conocida como el existencialismo que para Sartre consiste en la noción de libertad y como el ser humano lleva a cabo acciones para alcanzarla (Citado en Domingos & Junior, 2023), el jazz en este contexto representa una idea metafórica para poder alcanzar la libertar y sobrepasar su realidad, la música de este no busca el reconocimiento comercial, sino alcanzar una experiencia más pura y auténtica. En palabras de Johnny: "Cuando toco, siento que estoy diciendo algo que nunca entendí del todo, pero que es más real que todo lo demás." (El perseguidor, p. 64), lo que muestra cómo se concibe a la música y el jazz dentro de la obra.

Timothy (2022) argumenta que el jazz en El perseguidor, es "un vehículo de resistencia contra las imposiciones de la modernidad, al mismo tiempo que revela las contradicciones internas del artista". El título de la obra encapsula la esencia del tema principal: la búsqueda constante de Johnny por algo indefinido e inalcanzable.

Esta persecución se convierte en una metáfora de la condición humana, marcada por el deseo insatisfecho y la lucha por dotar de significado a la existencia. Claire (2023) explica que El perseguidor "captura el carácter trágico del ser humano, cuya búsqueda de sentido está condenada al fracaso".

Personajes Primarios

Johnny Carter

Desde una perspectiva psicológica, Johnny encarna la figura del genio torturado, atrapado entre su inmenso talento como saxofonista y su lucha interna con la adicción, el tiempo y la realidad. Su incapacidad para adaptarse a las normas sociales lo convierte en un marginado, lo que resalta su profunda soledad. En un pasaje clave, Johnny dice: "El tiempo se me está escapando, Bruno, se me resbala de las manos..." (El perseguidor, p. 54).

Este lamento refuerza su obsesión con el tiempo y su sensación de alienación, aspectos que pueden analizarse en términos de la teoría del absurdo de Albert Camus. Para Camus, la vida carece de un sentido intrínseco, y el individuo debe enfrentar esta falta de significado con valentía, algo que Johnny lucha por alcanzar.

Desde una perspectiva social, Johnny es un reflejo de la contracultura de los años 50, representada por el movimiento beat y la escena del jazz. Su vida caótica y su rechazo a las convenciones burguesas ilustran la tensión entre la libertad artística y las restricciones sociales. Según críticos como Claire (2023), Johnny simboliza "la lucha constante entre el individuo y la imposición social de la normatividad".

Bruno

Bruno, el narrador, puede interpretarse como un observador crítico y, a la vez, cómplice del colapso de Johnny. Desde un punto de vista psicológico, muestra una mezcla de admiración y frustración hacia Johnny, lo que refleja su incapacidad para comprender plenamente el genio y la desesperación del saxofonista. En un momento reflexiona: "A veces me pregunto si Johnny es el único cuerdo y nosotros estamos todos locos…" (El perseguidor, p. 76).

Esta ambigüedad lo posiciona como un puente entre el lector y Johnny, pero también como un espejo de nuestras propias contradicciones. En el plano social, Bruno representa la figura del crítico literario y cultural que intenta categorizar y explicar lo inefable. Según Carole (2021), la relación entre Johnny y Bruno encarna la tensión entre el creador y el intérprete, donde el primero rechaza ser reducido a una obra que otros intentan encasillar.

Personajes Secundarios

Dédée

Desde una perspectiva psicológica, Dédée representa el lado humano y afectivo de Johnny, actuando como su sostén emocional en un mundo caótico. Sin embargo, su papel está limitado por las mismas inseguridades de Johnny, quien no puede establecer una conexión estable con ella. Su silenciosa devoción resalta su resignación ante la incapacidad de Johnny para corresponderle.

En el ámbito social, Dédée podría simbolizar el papel relegado de las mujeres en el mundo del jazz y la bohemia, donde suelen ser musas o acompañantes, pero rara vez protagonistas. Según Ana María Barrenechea, Dédée "es un retrato trágico de las mujeres que orbitan alrededor del genio masculino".

Lan

Lan representa el glamour y la superficialidad del éxito en la música. Desde un enfoque social, es el opuesto de Johnny: mientras Johnny busca un sentido trascendental, Lan se conforma con el reconocimiento comercial. Su contraste enfatiza la división entre el arte como expresión y el arte como producto.

Perspectivas psicológicas

Julio Cortázar presenta un análisis psicológico profundo de los personajes, especialmente de Johnny Carter, explorando su lucha interna, adicciones, y percepciones únicas del mundo. Desde este enfoque Johnny encarna el arquetipo del genio incomprendido, atrapado en un estado de alienación mental y emocional. Su adicción a las drogas, lejos de ser un simple vicio, se presenta como un intento fallido de escapar de las limitaciones de su mente y su percepción fragmentada del tiempo.

La obsesión de Johnny con el tiempo sugiere un trastorno de despersonalización o una crisis existencial crónica. "A veces siento que estoy fuera del tiempo, como si viviera en un lugar donde los relojes no funcionan." (El perseguidor, p. 57).

Esta sensación de desconexión puede analizarse a través de la teoría del flujo de conciencia, donde Johnny no logra integrar su percepción de la realidad con las normas sociales. Esa lucidez que se ve trastocada por la locura, cuando el cerebro está alterado y desgastado por el consumo. Esto conlleva un conflicto de identidad, suena irónico, pero se podría considerar “equilibrado y loco” Según Lacan, esta fragmentación podría explicarse como una lucha por reconciliar su identidad interna con el "otro" que lo observa y juzga.

Bruno, en contraste, refleja la estabilidad psicológica del individuo que racionaliza y analiza la vida para comprenderla. Sin embargo, su relación con Johnny revela su propia ambigüedad emocional, oscilando entre la admiración y el rechazo. Esto resalta cómo Johnny representa tanto la realización de los deseos reprimidos de Bruno como sus propios miedos al caos.

Perspectivas sociales

La década de los 50s de acuerdo con Yarmolich (2024), se muestra con una marcada diversidad musical en la que el jazz y dominaban las esferas sociales, del mismo modo una bohemia cultural invadía a la población, el protagonista establecido en el relato de Cortázar se muestra como una figura marginal, el rechazo que muestra por las normas que encarna la tensión entre la autenticidad artística y las expectativas de la sociedad capitalista.

El jazz, como género resalta cual ente de resistencia y una especie de escape para la época, según Brennan (2022), "el jazz en El perseguidor no es solo música, sino una postura cultural contra la homogenización de la modernidad".

Las mujeres en la obra son representadas como figuras de apoyo que orbitan alrededor de los conflictos masculinos. Dédée, con su amor incondicional hacia Johnny, simboliza la devoción silenciosa y resignada. Por otro lado, Lan encarna la superficialidad y el vacío emocional de las figuras mediáticas.

Estas representaciones reflejan los roles limitados que la sociedad asignaba a las mujeres en el ámbito bohemio y cultural de la época. Bruno, plantea una reflexión sobre el papel del mercado y la interpretación en el arte. Su incapacidad para comprender plenamente a Johnny sugiere las limitaciones de los marcos sociales tradicionales para abordar la genialidad creativa.

Ambiente

El escenario en el que se desarrollan las acciones de los personajes es fundamental para lograr conocer los conflictos que tendrán lugar en la narrativa. París, se convierte en el punto de partida en el cual se desarrollará la trama, no es solo un telón de fondo, también es un reflejo de la bohemia cultural de la época.

De acuerdo con Ledesma (2024) en el relato elementos como las calles, la vida bohemia y los clubes de jazz que marcan el desarrollo de los acontecimientos, estos últimos se encuentran cargados de simbolismo representan tanto el mundo creativo como la autodestrucción asociada a los excesos y la marginalidad, en este sentido, Barrenechea (2020), rescata que dentro de la obra "los clubes son templos donde Johnny oficia su arte, pero también cárceles donde sus demonios lo consumen".

Más allá de los espacios físicos, la atmósfera general de la obra está marcada por la percepción alterada del tiempo, el protagonista se cuestiona de manera reiterada cómo el tiempo puede crear un ambiente de incertidumbre y ansiedad que envuelve a los personajes y al lector. Este ambiente intangible es parte del genio narrativo de Cortázar, que construye un mundo donde lo real y lo irreal se confunden constantemente.

Narrador:

El relato muestra un narrador en primera persona, aquí Bruno que es crítico de jazz y amigo cercano del protagonista Johnny Carter, se presenta como un narrador testigo que a través de la interacción con los personajes logra conocerlos a profundidad, desempeña un papel crucial al ofrecer una perspectiva externa, pero ligada emocionalmente con el protagonista.

La elección de Bruno como narrador refuerza la sensación de distancia y fascinación hacia Johnny. A través de su voz, el lector accede tanto a las reflexiones del crítico como a los dilemas del artista. Sin embargo, el punto de vista de Bruno está cargado de subjetividad, ya que su admiración y frustración hacia Johnny colorean su interpretación de los hechos: "Johnny siempre ha sido un milagro y una condena para mí, un genio que no puedo dejar de observar, pero que jamás llegaré a entender por completo." (El perseguidor, p. 33).

La perspectiva narrativa planteada por Cortázar muestra la complejidad del protagonista, misma que lo hace inalcanzable para las personas de su entorno, se crea entonces una "ambigüedad interpretativa" que invita al lector a construir sus propias conclusiones sobre los eventos y personajes.

Diseño de la obra

Historia

La obra El perseguidor, publicada en 1959, se contextualiza en el auge cultural en América Latina y Europa mismo que está representado por la efervescencia artística y el cuestionamiento de las normas tradicionales, Luciano (2019) remarca que la sociedad de aquella época se caracterizó por el auge de géneros musicales como el Blues y el Jazz, en Europa se exploró el cinetismo y formas de arte abstracto como el cubismo.

Del mismo modo Soledispa y Soto (2020) destaca que, en 1959 posterior a la Segunda Guerra Mundial, la vanguardia o innovación en el ámbito literario se caracterizó precisamente por el rompimiento de los esquemas y el diálogo profundo con las obras literarias. Según Pina (2021) la narrativa de Cortázar presenta una estructura no lineal en la que el jazz y los cambios abruptos junto con los monólogos muestran nociones como el caos y la libertad, Bruno, como narrador a más de relatar interpreta los acontecimientos llegando a transformar el texto en un comentario metatextual.

Contexto cultural y literario

La obra está profundamente influenciada por el jazz, de acuerdo con Kafel (2019) el jazz en la década de los 50s fue una representación de resiliencia y libertad, especialmente en Europa, donde músicos afroamericanos encontraron una audiencia más receptiva. Johnny Carter, inspirado en Charlie Parker, desde la perspectiva de Daneri (2018) representa la tensión entre la innovación artística y la autodestrucción personal del protagonista.

Reis (2021) sitúa la obra en el contexto cultural del París de los años 50, marcado por el auge del jazz como un símbolo de libertad artística. Además, establece vínculos entre la narrativa de Cortázar y movimientos literarios como el existencialismo y el surrealismo, resaltando su carácter innovador.

Cortázar desde la perspectiva de Navarro (2020) escribe El perseguidor en el marco del llamado Boom Latinoamericano, aunque esta obra antecede la consolidación del movimiento. Se conecta con una tradición literaria que busca romper las convenciones narrativas, al igual que Pedro Páramo de Rulfo o Los pasos perdidos de Carpentier, al explorar temas como el tiempo, la identidad y la alienación, del mismo modo, la influencia del existencialismo es evidente en los cuestionamientos de Johnny sobre la vida, la muerte y el tiempo.

Estas reflexiones dialogan con las ideas de filósofos como Sartre y Camus, especialmente en la noción de que la existencia carece de sentido inherente y debe ser constantemente reinterpretada. De este modo la obra no solo innova en el plano narrativo, sino que también inscribe su obra dentro de un marco filosófico que remite a las preocupaciones existencialistas del siglo XX. Como señala Sartre (1943) en El ser y la nada, la existencia precede a la esencia, es decir, el individuo se encuentra arrojado al mundo sin un sentido predefinido y debe construirlo a través de sus elecciones. Johnny Carter encarna esta angustia ontológica al cuestionar su relación con el tiempo y la realidad: “Porque yo toco ese tiempo, lo toco, lo estoy tocando ahora, pero no lo agarro, siempre se me escapa, se me va entre los dedos como el humo del cigarrillo, como todo, como vos, como yo mismo” (Cortázar, 1959.p24).

Esta reflexión de Johnny resuena con la idea de Camus (1942) en El mito de Sísifo, donde el autor plantea que la conciencia del absurdo surge cuando el ser humano se enfrenta a la falta de sentido en la existencia. Johnny experimenta esta revelación al percibir que el tiempo es una entidad escurridiza, imposible de poseer completamente, lo que genera en él una sensación de extrañamiento y desarraigo.

Además, la fragmentación del discurso de Johnny y su dificultad para comunicar sus percepciones del tiempo recuerdan la noción heideggeriana de la temporalidad como estructura fundamental del ser (Sein und Zeit, 1927). Para Heidegger, el ser humano no solo existe en el tiempo, sino que es tiempo, y su angustia proviene de la conciencia de la finitud. Johnny, al no poder expresarse plenamente y sentirse incomprendido por Bruno y los demás personajes, encarna esta lucha existencial.

Desde una perspectiva literaria, críticos como Piglia (1980) han destacado que El perseguidor dialoga con la figura del artista maldito y con la tradición del jazz como una forma de resistencia frente a la racionalidad impuesta. La improvisación en la música de Johnny simboliza su deseo de escapar de las estructuras establecidas, lo que refuerza su carácter de outsider en un mundo que lo margina.

Así, la obra de Cortázar se inscribe en una tradición filosófica y literaria que cuestiona los límites de la realidad, el lenguaje y la percepción del tiempo, ofreciendo una exploración profunda de la condición humana desde una perspectiva existencialista.

Sociolecto

El uso del lenguaje en El perseguidor refleja una mezcla de registros que contribuye a caracterizar a los personajes y a reforzar la autenticidad del ambiente cultural que Cortázar retrata. El lenguaje de Johnny está impregnado de expresiones y términos asociados con el mundo del jazz, lo que refuerza su identidad como músico y su desconexión del mundo "normal". Palabras como "swing", "improvisación" y referencias a figuras del jazz construyen un sociolecto que enriquece el carácter simbólico de la obra. "El swing de esta noche no es cosa mía, Bruno, es del tiempo que se me escapa entre los dedos." (El perseguidor, p. 42).

Bruno, como crítico, emplea un lenguaje más formal y analítico, distanciándolo aún más de Johnny. Este contraste en los sociolectos refuerza la tensión entre el artista intuitivo y el intérprete racional. Cortázar logra un equilibrio entre lo culto y lo coloquial, haciendo que el sociolecto sea accesible para lectores de diversos contextos. Según Barthes (2020), "el lenguaje en El perseguidor no solo comunica, sino que también traduce las complejidades emocionales de sus personajes".

Metodología de la investigación literaria:

Existencialismo y búsqueda de sentido

Según Rodríguez (2022), El perseguidor profundiza en las angustias existenciales de Johnny Carter, un alter ego de Charlie Parker. La obra explora cómo el tiempo y la muerte dominan al individuo creativo, quien percibe la realidad de manera fragmentada. Johnny, incapaz de ajustarse a las normas sociales o a una cronología lineal, representa la lucha del artista por encontrar significado en lo efímero, esto se evidencia en el siguiente pasaje "sabes bien que el tiempo es una trampa, que lo que llaman tiempo es una manera de cortar en tajadas la música que siempre estuvo ahí, antes de que nacieran los hombres." (p. 64)

Sommer (2020) resalta la tensión entre Johnny y Bruno, representando la dicotomía entre creación artística y análisis crítico, esta relación se remarca en el siguiente fragmento "Creés que porque escribiste un librito sobre mí ya sabés quién soy, pero no entendés nada, Bruno, no entendés nada." (p. 67) aquí se muestra el desprecio de Johnny hacia la interpretación que Bruno hace de su arte, subrayando la imposibilidad de capturar la esencia de la creación a través de la crítica. Bruno intenta fijar la esencia del arte de Johnny en palabras, pero el texto sugiere que este esfuerzo está destinado al fracaso, ya que el arte es una experiencia viva e irrepetible.

Simbolismo:

De acuerdo con Reis (2021), el tiempo se presenta como un concepto maleable en la obra. Johnny afirma: “Eso ya lo toqué mañana”, un ejemplo de cómo Cortázar juega con la percepción temporal para cuestionar su linealidad. Esta filosofía del tiempo resuena con la estructura libre del jazz, donde la improvisación trasciende los límites temporales.

El simbolismo en El perseguidor de Julio Cortázar es uno de los aspectos fundamentales que enriquecen la obra, articulando los temas principales a través de objetos, acciones y conceptos abstractos. El saxofón, el tiempo, y la figura del perseguidor son los pilares simbólicos que reflejan la lucha interna de Johnny Carter, así como las tensiones sociales y filosóficas que atraviesan la narrativa.

El saxofón de Johnny no es meramente un instrumento musical; es una extensión de su identidad y su principal medio de expresión. A través de la música, Johnny intenta capturar lo inefable: sus ideas sobre el tiempo, su angustia existencial y su percepción fragmentada de la realidad. Este simbolismo queda patente cuando el narrador observa uno de los solos de Johnny: "En cada nota parecía estar escribiendo algo más grande que él mismo, algo que no podía poner en palabras, pero que era urgente y necesario." (El perseguidor, p. 64).

Según Timothy Brennan (2022), el jazz en este contexto actúa como un símbolo de resistencia y autenticidad. Es un lenguaje universal que trasciende las limitaciones del discurso convencional y representa una búsqueda constante por la libertad individual y artística. Johnny utiliza el saxofón no solo para comunicarse con su entorno, sino para enfrentarse a su propia naturaleza incomprensible y contradictoria.

El tiempo es otro de los grandes símbolos de la obra. Para Johnny, el tiempo no es un flujo continuo y homogéneo, sino una serie de fragmentos caóticos e imposibles de encajar en una estructura coherente. La obsesión se manifiesta en sus reflexiones: "Es como si estuviera viviendo pedazos de algo que no tiene un todo, como si hubiera un tiempo más grande donde todo esto no importa." (El perseguidor, p. 58), desde una perspectiva filosófica, esta percepción del tiempo puede interpretarse a la luz de las ideas de Henri Bergson, quien distingue entre el tiempo medido, lineal, y la duración vivida, subjetiva.

Gilles (2021) complementa esta visión al argumentar que la narrativa de El perseguidor rompe con la cronología tradicional para expresar la fluidez de la conciencia, reflejando "la naturaleza desarticulada de la experiencia humana". El tiempo, entonces, no solo es un tema, sino un símbolo del conflicto interno de Johnny, atrapado entre su deseo de comprensión y la imposibilidad de alcanzarla.

El título de la obra no solo alude a Johnny como "el perseguidor" de una verdad inalcanzable, sino que también sugiere una metáfora más amplia sobre la condición humana. La persecución constante de Johnny por entender el tiempo, el arte y la vida refleja la lucha universal por encontrar sentido en un mundo fragmentado y caótico. Claire (2023) señala que el título engloba "la trágica paradoja del ser humano, cuyo impulso por trascender está condenado al fracaso, pero cuya grandeza radica precisamente en esa búsqueda".

En este sentido, Johnny representa al artista y al individuo que, a pesar de su aislamiento y dolor, se niega a conformarse con una vida vacía de significados. Su figura simboliza tanto la tragedia como la belleza de la existencia, elevando su lucha personal a una dimensión universal.

Finalmente, la música en El perseguidor es más que un telón de fondo; funciona como un símbolo de lo trascendental, un puente hacia aquello que Johnny no puede alcanzar con palabras. En sus interpretaciones, Johnny crea un espacio donde las reglas del tiempo y la lógica se suspenden, permitiendo a su audiencia vislumbrar una verdad más profunda.

Esta cualidad simbólica de la música conecta con las teorías de Adorno (2021), quien argumenta que el arte auténtico tiene el potencial de revelar verdades sobre la experiencia humana que trascienden las limitaciones del lenguaje y la racionalidad.

Análisis comparativo e intertexto:

El perseguidor de Julio Cortázar fue publicado en 1959, un momento en que la literatura latinoamericana experimentaba una transformación significativa, marcada por la consolidación de estilos experimentales, la exploración de la identidad y una intensa búsqueda de innovación narrativa. Este análisis compara El perseguidor con dos obras contemporáneas: Rayuela (1963) del mismo Cortázar y Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo, identificando puntos convergentes y divergentes.

Rayuela (1963), Julio Cortázar

Convergencias:

Ambas obras comparten el espíritu experimental y la fragmentación narrativa característica del autor. En El perseguidor, el flujo de conciencia de Johnny y su percepción del tiempo reflejan una ruptura con las estructuras narrativas tradicionales, al igual que Rayuela, donde el lector tiene la libertad de construir el relato en diferentes órdenes.

Además, ambas exploran el arte como una búsqueda existencial, con la música en El perseguidor y la literatura en Rayuela actuando como metáforas de la trascendencia.

Divergencias:

Mientras que El perseguidor se concentra en un solo personaje y su conflicto interno, Rayuela aborda una visión más amplia de la sociedad, con múltiples personajes que representan diversas perspectivas filosóficas y artísticas. En El perseguidor, el tiempo es subjetivo y caótico, mientras que, en Rayuela la estructura narrativa otorga cierto control al lector, suavizando esa sensación de fragmentación.

Pedro Páramo (1955), Juan Rulfo

Convergencias

Ambas obras exploran las obsesiones de sus protagonistas con el tiempo y la memoria. Johnny Carter, en El perseguidor, vive atrapado en su percepción alterada del tiempo, mientras que Juan Preciado, en Pedro Páramo, recorre un Comala fantasmagórico donde el pasado y el presente coexisten. En ambas, el ambiente es un reflejo psicológico de los personajes: los clubes de jazz para Johnny y el pueblo de Comala para Juan.

Divergencias

Pedro Páramo es mítico y social, explorando la herencia cultural e identidad mexicana, mientras que El perseguidor se centra en cuestiones más universales como el arte, el tiempo y la alienación personal. Asimismo, la obra de Rulfo utiliza un realismo mágico que difiere del tono existencialista y más modernista de Cortázar.

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Elementos de Forma

Estructura física de la obra

El perseguidor presenta una estructura narrativa lineal, aunque con una notable fragmentación interna que refleja las tensiones y la caótica percepción del tiempo de su protagonista, Johnny Carter. Dividida en capítulos cortos, la obra sigue un flujo continuo de eventos, con pausas introspectivas que permiten a los personajes reflexionar sobre sus conflictos internos y externos.

La estructura física se caracteriza por su fragmentación, que imita el ritmo improvisado del jazz, el tema central de la obra. Los saltos entre diálogos, reflexiones y descripciones crean una sensación de espontaneidad y movimiento constante. Esto refuerza la percepción de que la narración fluye como una pieza musical.

El escenario principal –los clubes de jazz, apartamentos y calles de París– no solo actúa como un telón de fondo, sino que también estructura la narración. Cada espacio refleja un aspecto diferente de la vida de Johnny, desde su genialidad musical hasta su deterioro emocional.

Los recursos del contenido

Género literario

El perseguidor pertenece al género del cuento, pero trasciende sus límites tradicionales al incorporar elementos característicos de la novela breve. Aunque tiene la concisión propia del cuento, presenta una complejidad temática y una profundidad en el desarrollo de personajes que lo acercan a la novela corta como se indicó en uno de los párrafos de la introducción. Al mismo tiempo, se inscribe dentro de la corriente del modernismo literario latinoamericano, con una marcada influencia del existencialismo.

La obra se forma con los textos de carácter introspectivo y filosófico, explorando las obsesiones de su protagonista, Johnny Carter, y la tensión entre el arte y la vida. Según Piglia (2021), Cortázar redefine el cuento al convertirlo en "un laboratorio narrativo donde el tiempo y la percepción se convierten en los verdaderos protagonistas". Esto ubica a El perseguidor como una obra fronteriza que desafía las clasificaciones literarias convencionales.

Recursos estilísticos

El estilo de El perseguidor es profundamente existencialista y modernista, caracterizado por una prosa ágil y una estructura narrativa fragmentada que refleja la inestabilidad mental y emocional del protagonista. La prosa de Cortázar se caracteriza por metáforas y descripciones que evocan sensaciones auditivas.

Sommer (2020), señala que el uso de repeticiones y variaciones en el lenguaje recuerda los riffs del jazz, integrando la música como un elemento estructural y temático algunas de las figuras recurrentes son la metáfora que en El perseguidor sirve para transmitir ideas abstractas de forma poética y evocadora "La música es una jaula que me encierra, pero también la llave que la abre.” (p. 72), aquí, Johnny describe su relación ambigua con la música. La "jaula" representa las limitaciones que siente en su arte, mientras que la "llave" simboliza su capacidad de trascender a través de la misma.

Por otro lado, el símil aparece para comparar conceptos complejos con elementos cotidianos, facilitando la comprensión: "Cuando toco, es como si el tiempo se derritiera entre mis dedos." (p. 68) Johnny compara su experiencia musical con algo tangible y dinámico, como el derretimiento, mostrando su percepción única del tiempo. Del mismo modo la hipérbole enfatiza el carácter obsesivo y exagerado de las percepciones de los personajes: "A veces siento que he vivido mil vidas solo en una noche, tocando el saxofón." (p.74), esta exageración refleja la intensidad emocional y la percepción alterada del tiempo que Johnny experimenta al tocar.

A través de la personificación Cortázar da vida a conceptos abstractos, reflejando la subjetividad de los personajes: "El tiempo se ríe de nosotros mientras lo perseguimos." (p.65), aquí, el tiempo es personificado como un ser burlón, destacando la lucha existencial de Johnny por comprenderlo.

La anáfora refuerza la obsesión de Johnny con ciertos temas "Todo está mal, Bruno, todo está mal: la música, el tiempo, la vida." (p.76) La repetición de "todo está mal" intensifica su angustia y desesperación. Por otra parte, la paradoja resalta las contradicciones en la vida de Johnny: "Cuando toco para perderme, es cuando más me encuentro." (p.78), esta afirmación contradictoria muestra la relación compleja entre Johnny y su arte, un vehículo tanto de escape como de autodescubrimiento. La sinestesia refleja la percepción sensorial extraordinaria de Johnny "Escucho colores y veo sonidos cuando toco." (p.70) Esta figura combina sentidos diferentes, destacando la sensibilidad artística y la perspectiva única del protagonista.

Fluidez y musicalidad

Cortázar construye el texto con un ritmo que emula la improvisación del jazz, principal referencia artística de la obra. Este estilo no solo refuerza la conexión temática con la música, sino que también transmite el caos interno de Johnny:

"Las palabras a veces se deshacen en la boca de Johnny, como si estuvieran hechas de aire y tiempo." (El perseguidor, p. 48).

Uso del diálogo y la introspección

Los diálogos, cargados de tensiones emocionales, permiten al lector adentrarse en las obsesiones de Johnny, mientras que las reflexiones de Bruno ofrecen una contrapartida más racional. Esta dualidad estilística equilibra la intensidad del relato y lo dota de profundidad filosófica.

Ambigüedad narrativa

Cortázar emplea un lenguaje deliberadamente ambiguo, con descripciones que sugieren más de lo que explican, obligando al lector a participar activamente en la interpretación de los eventos. Esta técnica crea un estilo único que, según Bloom (2022), "es un desafío intelectual y una invitación a explorar los límites de la narrativa literaria".

El género literario, el narrador y el estilo de El perseguidor trabajan en conjunto para construir una obra profundamente introspectiva y experimental. A través del punto de vista limitado de Bruno, Cortázar consigue representar la genialidad y el tormento de Johnny Carter, mientras que el estilo modernista refuerza la conexión entre la estructura narrativa y el caos interno del protagonista. Estos elementos convierten a El perseguidor en una obra maestra que redefine el cuento tradicional y lo posiciona como un puente hacia las formas narrativas más experimentales del siglo XX.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

El uso de técnicas narrativas no lineales y la evocación del jazz reflejan cómo la estructura de la obra enfatiza el caos creativo y la lucha por capturar lo efímero. Esto plantea preguntas sobre los límites del lenguaje como herramienta crítica y artística. Reis (2021) y Sommer (2020) coinciden en que Cortázar problematiza el concepto del tiempo lineal, acercándose al existencialismo. Johnny Carter ejemplifica la tensión entre vivir en el presente absoluto y la imposibilidad de registrar plenamente la experiencia artística.

Bruno, como narrador y crítico, encarna la dificultad de mediar entre el arte y su interpretación. La obra genera un metacomentario sobre la relación entre el creador y el receptor, ampliando el debate sobre la autenticidad y la preservación del arte. La novela no solo es una exploración individual del jazz y la narrativa, sino que también se inserta en un contexto sociocultural más amplio. Según Rodríguez (2022), Cortázar emplea elementos del jazz como una metáfora de la resistencia contra estructuras normativas.

El diálogo con la obra a través del uso del análisis textual que se centra en examinar los elementos narrativos y estilísticos presentes en la obra. Los que se demuestran con las citas textuales de diálogos extraídos; del mismo modo, se correlacionan con algunas teorías literarias y postulados propuestos por estudiosos y filósofos tales como el estructuralismo y la deconstrucción. Teorías empleadas en el proceso para identificar las principales nociones relacionadas con el estilo de Cortázar.

El método hermenéutico, la teoría de mapa y territorio permiten la interpretación profunda del texto; se han podido evidenciar desde el lenguaje que distingue aspectos culturales presentes en esta obra y son símbolos. En el caso de la música, el jazz, la adicción, la identidad, el existencialismo, los desencuentros también son símbolos explícitos y explícitos. La mirada desde la perspectiva de la filosofía por medio del análisis crítico refleja las luchas internas de los personajes, se exploraron las cuestiones existencialistas, como la percepción subjetiva del tiempo, la indagación de autenticidad y la trascendencia a través del arte que forman parte integral del contenido.

Estas temáticas se abordaron mediante el análisis de los diálogos, monólogos internos y reflexiones de Johnny, con el fin de posicionar la obra dentro de un marco filosófico-literario que dialogue con el existencialismo. Otro de los resultados esperados radica en la identificación y análisis de las figuras literarias más destacadas, como la metáfora, la sinestesia y la paradoja, evidenciando cómo estas potencian la percepción caótica y subjetiva del protagonista.

CONCLUSIONES

El análisis de El perseguidor revela que la tensión entre Johnny y Bruno no solo representa distintas formas de concebir el arte, sino que también establece un diálogo intertextual y metatextual sobre la crítica y la esencia misma de la creación. Johnny encarna la intuición y lo inefable del proceso creativo, mientras que Bruno representa la necesidad de racionalizar lo incomprensible.

Es innegable la influencia del contexto histórico en el desarrollo de la narración. Cortázar recurre al escenario de París en la postguerra con efectos manifiestos en la frustración disfrazada en sarcasmo y rebeldía; asimismo utiliza la convergencia entre el jazz y el saxofón como rechazo al ente en esa esencia del ser.

Cortázar, mentor de obras que rompen paradigmas, destaca por su innovación y creatividad en la estructura, el estilo y los recursos empleados. Su lugar como uno de los escritores más destacados de la literatura hispanoamericana es incuestionable. La música, elemento central de la narrativa, se presenta como un símbolo de conexión con lo trascendental y la lucha por lo inalcanzable. El jazz, utilizado metafóricamente, connota el carácter efímero y caótico de la obra en su búsqueda de libertad.

La novela, ambientada en la década de 1950 y marcada por la corriente existencialista, explora la percepción del tiempo y la exploración de autenticidad como ejes centrales de la vida. El protagonista, a través de la música, enfrenta una lucha constante para superar la adversidad y la pobreza, utilizando el arte como medio para explorar el absurdo y la fugacidad de la existencia.

En síntesis, El perseguidor es una obra multifacética que invita a la reflexión sobre la complejidad del ser humano, la naturaleza del arte y la influencia del contexto histórico y social en la vida de los individuos.

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