1. Introducción
La arquitectura destinada a la primera infancia desempeña
un papel fundamental en el desarrollo integral del ser
humano. Durante los primeros años de vida, el entorno
construido influye directamente en la formación cognitiva,
emocional y social de los niños, al ser el espacio donde
experimentan, aprenden y construyen su identidad. En este
sentido, la infraestructura educativa no se limita a un soporte
físico, sino que actúa como un agente activo del proceso de
aprendizaje, capaz de estimular los sentidos y fomentar la
interacción. Tal como señalan Shonkoff y Phillips (2000) las
experiencias tempranas tienen un impacto decisivo en la
configuración cerebral y en la adquisición de habilidades,
actitudes y emociones, lo que evidencia la importancia de
entornos adecuados para el desarrollo infantil.
En la provincia de Manabí, Ecuador, esta realidad enfrenta
una problemática persistente: la escasez de infraestructura
apropiada para la atención a la primera infancia,
especialmente en zonas rurales. Según el Ministerio de
Inclusión Económica y Social (MIES, 2013), solo una
fracción de los niños en edad temprana accede a centros de
desarrollo infantil, mientras que la mayoría permanece bajo
el cuidado familiar. Este déficit limita el acceso a espacios
educativos seguros y estimula la desigualdad territorial,
afectando la calidad del aprendizaje y las oportunidades de
desarrollo de la niñez.
Frente a este contexto, la arquitectura sostenible surge como
una alternativa técnica y socialmente pertinente para la
creación de espacios educativos dignos y resilientes. En este
ámbito, el uso de la caña guadúa (material vernáculo de
amplia disponibilidad en el territorio ecuatoriano) se
posiciona como un recurso viable por su resistencia,
durabilidad, bajo impacto ambiental y su capacidad para
adaptarse a distintos entornos (Cruz Ríos, 2009). Además, su
aplicación promueve una arquitectura coherente con las
condiciones locales y con principios de sostenibilidad
ambiental, social y económica, fortaleciendo la identidad
regional y el aprovechamiento responsable de los recursos
naturales.
La investigación se fundamenta en antecedentes teóricos y
empíricos que abordan la relación entre arquitectura,
sostenibilidad y educación infantil. Casado Martínez (1996)
destaca la importancia de los edificios de alta calidad
ambiental como respuesta a las demandas contemporáneas
de eficiencia energética y confort, mientras que Friedman
(1970) plantea la arquitectura modular y flexible como
modelo adaptable a contextos cambiantes. Estas
aproximaciones permiten integrar un enfoque en el que la
eficiencia espacial, la economía de recursos y la
adaptabilidad funcional convergen en el diseño de
infraestructuras educativas sostenibles.
La pertinencia del estudio radica en la necesidad de generar
propuestas arquitectónicas que respondan a la realidad rural
manabita, donde la falta de equipamientos para la primera
infancia constituye un problema social y científico. Esta
carencia evidencia una brecha de conocimiento respecto al
desarrollo de modelos constructivos que integren criterios de
sostenibilidad y modulación con materiales locales. Por ello,
el presente trabajo se propone diseñar un prototipo modular
de un centro de desarrollo infantil en guadúa, concebido
como una alternativa técnica replicable, económica y
ambientalmente responsable, que contribuya al
fortalecimiento de la infraestructura educativa rural en la
provincia de Manabí.
El artículo se organiza en cuatro apartados: la primera
sección presenta el contexto teórico y los antecedentes del
problema; la segunda detalla la metodología utilizada para la
investigación y el desarrollo del prototipo; la tercera expone
los resultados y su discusión técnica; y la última sección
recoge las conclusiones, destacando la relevancia del modelo
propuesto para la planificación sostenible de espacios
infantiles en el territorio rural ecuatoriano.
2. Metodología
La investigación se desarrolló bajo un enfoque mixto,
sustentado en métodos descriptivos y propositivos. El
estudio se llevó a cabo en zonas rurales de la provincia de
Manabí, Ecuador, durante el período comprendido entre
enero y junio de 2024.
Se aplicaron encuestas estructuradas a una muestra de 267
habitantes seleccionados mediante un muestreo no
probabilístico intencional, priorizando comunidades con
carencia de infraestructura educativa infantil. Las variables
analizadas incluyeron: condiciones físicas de los espacios
educativos, accesibilidad, materiales locales y percepción
comunitaria sobre su adecuación.
Para la recolección de datos se emplearon fichas de
observación, entrevistas y cuestionarios, los cuales
permitieron obtener información cualitativa y cuantitativa
del contexto. Los datos fueron organizados y tabulados
mediante procedimientos estadísticos descriptivos básicos,
que facilitaron la interpretación de tendencias y necesidades
prioritarias.
El análisis se complementó con el estudio de referentes
arquitectónicos relacionados con el modularidad, la
sostenibilidad y el uso de guadúa como material estructural,
con base en los aportes de Friedman (1970), Casado
Martínez (1996) y Cruz Ríos (2009). Estos insumos guiaron
el desarrollo del prototipo modular en guadúa, diseñado
mediante herramientas digitales de modelado y simulación
bioclimática.