La urbanización concentrada se refiere a la aglomeración de
capital, infraestructura y actividades económicas en
determinados núcleos urbanos, generando entornos de alta
densidad y centralidad funcional (Brenner & Schmid, 2015).
Harvey (1985) la asocia a la lógica de acumulación del
capital, que se fija en el espacio urbano a través de
inversiones y producción inmobiliaria, intensificando
desigualdades territoriales. Castells (1996) y Sassen (1991,
2007) amplían esta lectura al contexto de la globalización,
señalando que las ciudades se convierten en nodos
estratégicos de redes económicas globales. Sin embargo, esta
concentración produce fragmentación y exclusión social,
con enclaves elitizados y áreas marginadas dentro del mismo
tejido urbano.
La urbanización extendida, según Brenner y Schmid (2015),
designa la expansión del proceso urbano más allá de los
límites tradicionales de la ciudad, integrando territorios
rurales y naturales mediante redes logísticas, extractivas y de
infraestructura. Autores como Brenner y Katsikis (2020) y
Monte-Mór (2015) destacan que estos paisajes
“operacionales” sostienen la vida urbana a escala planetaria,
al proveer energía, alimentos y materiales.
Finalmente, la urbanización diferencial expresa las
desigualdades socioespaciales derivadas de estas dinámicas,
donde se superponen enclaves de alta rentabilidad con
periferias precarizadas (Brenner, 2006; Soja, 2000). Esta
forma de urbanización produce una “ciudad fractal” (Soja,
2000), caracterizada por fragmentación y polarización
social, pero también por espacios de resistencia y
apropiación ciudadana. En el marco del Capitaloceno, las
periferias dejan de ser márgenes residuales para convertirse
en zonas estratégicas de sacrificio y acumulación (Canettieri,
2024). De este modo, la urbanización planetaria revela no
solo la expansión global del proceso urbano, sino también su
capacidad de reproducir desigualdades estructurales bajo las
lógicas del capitalismo.
Metodología
La investigación se desarrolló entre los años 2021 y 2025 en
la conurbación Manta–Montecristi–Jaramijó, localizada en
la provincia de Manabí, Ecuador. El estudio adoptó un
enfoque mixto, cualitativo y cuantitativo, y se enmarcó en la
teoría de urbanización planetaria propuesta por Brenner y
Schmid (2015), que interpreta la urbanización como un
proceso continuo de producción del espacio bajo
condiciones globales de acumulación y diferenciación
territorial. Desde el punto de vista metodológico, se aplicó
un diseño no experimental, descriptivo y analítico, orientado
a examinar la relación entre los procesos de expansión
urbana y la variación del valor del suelo. La unidad de
análisis correspondió a los tres cantones que conforman la
conurbación, mientras que las unidades de observación
fueron los polígonos catastrales urbanos y rurales definidos
por los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) de
Manta, Montecristi y Jaramijó.
El estudio integró tres fases complementarias: (1) Revisión
documental y normativa, que comprendió la recopilación de
leyes, planes de ordenamiento territorial, informes técnicos
y antecedentes históricos relevantes (COOTAD,
LOOTUGS, PDOT y catastros municipales 2021–2025). (2)
Análisis espacial, realizado mediante el uso de Sistemas de
Información Geográfica (SIG), donde se procesaron y
georreferenciaron las bases de datos catastrales oficiales. Se
elaboraron mapas de valor del suelo expresados en dólares
por metro cuadrado, clasificados en rangos de alta, media y
baja valorización. (3) Interpretación analítica, orientada a
identificar correspondencias entre los resultados espaciales y
los indicadores de expansión urbana, consolidación del suelo
y provisión de servicios básicos.
Las variables principales analizadas fueron: (a) valor del
suelo (USD/m²), (b) grado de consolidación del suelo
urbano, (c) extensión de suelo urbanizado sobre áreas rurales
y (d) presencia o ausencia de instrumentos de planificación
específicos (planes parciales o especiales). Los datos se
procesaron con herramientas estadísticas descriptivas y
análisis comparativo entre cantones, permitiendo identificar
patrones de concentración y desigualdad territorial. Para
fortalecer la validez de los resultados, se recurrió además a
la observación directa en campo y al registro fotográfico
mediante drone DJI Mini 2, con el propósito de verificar
transformaciones recientes en los sectores de estudio.
3. Resultados y discusión
3.1. Resultados
El mapa de valor del suelo elaborado con datos de los GAD
(2021–2025) evidenció un patrón espacial de gradiente: los
valores más altos se concentraron en los sectores costeros de
Manta y Jaramijó, y en los ejes viales principales que
conectan Montecristi con Manta. En estas zonas se
localizaron urbanizaciones cerradas, complejos turísticos y
equipamientos de nivel superior, mientras que las áreas
periféricas mostraron depreciación del suelo y déficit de
infraestructura.
El análisis empírico permitió reconocer que los procesos
urbanos de la conurbación Manta–Montecristi–Jaramijó
responden simultáneamente a los tres momentos de la
urbanización planetaria: concentrada, extendida y
diferencial, cada uno con dinámicas espaciales y
socioeconómicas particulares.
Urbanización concentrada.
Este momento se manifestó en la consolidación de
centralidades funcionales dentro de Manta, especialmente en
torno al puerto internacional, el aeropuerto Eloy Alfaro y los