1. Introducción
Las máquinas cerradoras son piezas fundamentales en la
industria de envasado, especialmente en la producción de
latas y otros envases metálicos. Estas máquinas se encargan
de efectuar el doble cierre, que consiste en la técnica del
engatillado o agrafado doble, donde el extremo del cuerpo de
un envase con su tapa se une, a lo que se conoce como cierre
o doble cierre asegurando la hermeticidad, conservación
evitando la contaminación bacteriológica, degradación del
material como la corrosión que por ende afectaría el
producto. La máquina cerradora está conformada por
muchos elementos mecánicos, eléctricos y electrónicos, pero
los que están involucrados directamente en el doble cierre
son elementos mecánicos como rulinas de primera y segunda
operación, mandril, plato base y expulsor, elementos que
tienen mayor afectación por el constante contacto directo con
el envase para producir el cierre son la rulinas. No obstante,
su desempeño puede verse comprometido por factores como
una calibración incorrecta, la falta de mantenimiento y, sobre
todo, el desgaste progresivo de las rulinas. Birkeland et al.,
(2005) demostraron que la erosión y la presión inadecuada
de estas rulinas alteran parámetros críticos del doble cierre
como la altura del remache, traslape y espesor del gancho,
incrementando así el riesgo de fugas y la pérdida de
inocuidad del alimento.
El desgaste de las rulinas se origina, ante todo, por la fricción
continua que experimentan durante el ciclo de sellado; a ello
se suman la presión de cierre aplicada, la alta velocidad
operativa y la humedad o residuos presentes en la línea de
envasado (Poudel, 2023). Con el paso del tiempo, estas
condiciones erosionan el perfil de los rodillos, reducen la
eficiencia del proceso, incrementan la proporción de envases
defectuosos y obligan a paradas no planificadas para sustituir
rulinas, lo que eleva los costos de operación (Group, 2025).
Para mitigar el desgaste descrito en el apartado anterior, el
diseño geométrico y el material de las rulinas (rodillos de
cierre) resultan determinantes. Cada máquina utiliza dos
rulinas con perfiles distintos: la de primera operación, que
conforma el gancho inicial entre la tapa y la pestaña del
envase, y la de segunda operación, que comprime las capas
metálicas hasta lograr un doble cierre hermético
(Association of Food and Drug Officials, 2011).
Para resistir una fricción intensiva y mantener la precisión
dimensional, estos rodillos se fabrican habitualmente en
aceros aleados endurecidos o en inoxidables nitrurados,
capaces de ofrecer alta dureza superficial y baja rugosidad;
un perfil mal pulido o un material de menor resistencia
incrementa la pérdida de material y acelera la aparición de
fugas. En consecuencia, optimizar la geometría del canal de
cierre y seleccionar materiales de alta resistencia al desgaste
prolonga la vida útil de las rulinas, reduce la frecuencia de
ajustes y minimiza rechazos por defectos de hermeticidad,
impactando positivamente en los costos de mantenimiento y
en la eficiencia global de la línea.
Entre los materiales más utilizados para la fabricación de
rulinas destaca el acero martensítico, cuya elevada dureza (≈
55 HRC) y sobresaliente resistencia al desgaste permiten
mantener tolerancias dimensionales muy estrictas, condición
imprescindible para lograr un doble cierre consistente y
hermético (Jiang S. Z., 2023). Además, otros materiales
como el acero inoxidable y el acero de aleación son
utilizados debido a sus propiedades de resistencia a la
corrosión y su capacidad para soportar temperaturas
elevadas. Estos materiales aseguran que las rulinas no solo
mantengan su efectividad durante un periodo prolongado,
sino que también contribuyan a la eficiencia general de las
máquinas cerradoras.
El estudio del desgaste de las rulinas, por tanto, se convierte
en un aspecto crucial para garantizar la calidad y la seguridad
del producto final. En un entorno industrial cada vez más
orientado a la optimización de procesos y recursos, la
implementación de tecnologías y técnicas de mantenimiento
predictivo juega un papel fundamental en la identificación
temprana del desgaste y en la toma de decisiones técnicas
que permitan evitar fallos o defectos. Según (Mendoza
Arteaga, 2024), el mantenimiento adecuado y la supervisión
constante del desgaste de las rulinas pueden ayudar a reducir
los costos operativos y mejorar la calidad del envasado, lo
que beneficia directamente la competitividad de las
empresas del sector.
A medida que el mercado global se orienta hacia una
producción más sostenible y eficiente, la industria del
envasado busca constantemente mejorar la vida útil de sus
equipos y reducir los desperdicios. La necesidad de un
control adecuado del desgaste de las rulinas y su
mantenimiento predictivo se presenta como una prioridad
dentro de las estrategias industriales. A través de la
optimización del diseño de las rulinas y la adopción de
nuevas tecnologías para su fabricación, es posible
incrementar la vida útil de estos componentes y, en
consecuencia, mejorar la productividad y rentabilidad de las
plantas de producción.
La implementación de mejoras técnicas en el diseño de las
rulinas es un paso importante para superar las limitaciones
que presentan los componentes convencionales, tal como lo
señala (Holguín-Cedeño, 2025). Por ejemplo, los avances en
la fabricación de rulinas con diseños optimizados y
materiales de mayor resistencia no solo contribuyen a
mejorar la precisión del proceso de cerrado, sino que también
permiten una reducción significativa del desperdicio de
material, lo que tiene un impacto directo en la rentabilidad
de las operaciones.